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Arquitectura

Cementerio El Salvador

agosto 28, 2019
Cementerio El Salvador

«Morirse es una costumbre que suele tener la gente», decía Borges. Esta costumbre a la que alude, llevó al hombre a inventar una serie de ritos y estructuras, a erigir objetos para el fin; así, el  hombre tiene la necesidad de opacar su miedo a lo desconocido y el deseo de permanecer. Recrea e imagina símbolos que de la mejor manera pueda representar su sentimiento religioso y sus creencias. Tiene la necesidad de pedir inmortalizar su nombre y que sostenga su posición social que alcanzó a través del esfuerzo y el trabajo, y una clara muestra en la ciudad es el Cementerio El Salvador.

Llegando al 1800 el higienismo forma parte del mundo de los muertos, poniendo fin a la tradición de enterrar los cadáveres en recintos cerrados. Sobre 1810, se prohibió en Rosario enterrar dentro de la capilla; a partir de ello, se inaugura el primer cementerio. Que, a partir del crecimiento urbano y las inmigraciones, fue sustituido por los cementerios El Salvador, La Piedad y el Cementerio de los Disidentes que tenían como función, más allá de la obviedad, clasificar a los muertos por su condición social.

Contexto histórico de la ciudad del Cementerio el Salvador: Rosario

Antes que Rosario sea como se la conoce hoy en día; en 1823, cuando tan sólo era un Villa no tenía la posibilidad de transformar el trazado indiano del cual, estaba caracterizado por la despoblación. Hasta que en 1852, una vez convertida en ciudad, debió sufrir una reconstrucción urbana para competir como puerto nacional; esto abrió la puerta para una multitud de inmigrantes provenientes, en su mayoría, de la península itálica.

Para una ciudad en un crecimiento constante, se debió ampliar el trazado urbano y cubrir las exigencias necesarias de la sociedad, por ejemplo, como la necesidad de una necrópolis en terrenos continuos a la Iglesia Matriz, (actual Basílica Catedral Nuestra Señora del Rosario), los primeros entierros se realizaron en el camposanto de sus inmediaciones.

En 1856, se bendice la nueva necrópolis retirado del casco céntrico, como le exigían las leyes higiénicas, conocido como el Cementerio El Salvador; dirigida por Timiteo Guillón. Es un predio que hoy en día ocupa aproximadamente cinco hectáreas, con más de 50.000 tumbas; en 1888, bajo la dirección del arquitecto Oswald Menzell, se hizo cargo de la ampliación del mismo.

Actúa agregando cuatro solares anteponiéndolos a los cuatros ya existentes, de esta forma la fachada principal, se define de forma totalmente simétrica con un frontón triangular de orden dórico de cada lado dando jerarquía al conjunto. Se puede decir que adopta un lenguaje que hace referencia al pasado griego, que se asocia con las corrientes arquitectónicas propias del momento.

Su interior está caracterizado por los mausoleos, sepulturas y panteones de gran valor arquitectónico e histórico, que fueron embellecidos por esculturas y obras de arte.

La Arquitectura y las clases sociales al rededor del cementerio el Salvador

La sociedad, en realidad, la clase alta quería establecer una pirámide social, la grandiosidad de estos grupos élite lo expresaban por medio de la construcción de palacios como vivienda, donde se podía especular que los privilegios que tenían, los acompañaban hasta después de muertos.
La clase social más baja, eran los inmigrantes, que la parte que no volvía a su país de origen, eran circunscritos en un predio alejado totalmente de la calle principal; dejando en evidencia espacial la estructura social que regía. Muy lejos de la idea de los palacios fúnebres, en estructuras prismáticas, los nichos a la manera columbaria. En frente, los nichos se dispusieron mármoles blancos con los datos del difunto calados. En cambio, la clase terrateniente, mostraba su privilegio de su clase social a través de la muerte, con el emplazamiento de panteones a ambos lados de la calle principal.

Resumen del cementerio el Salvador

Frente a la necesidad del hombre de opacar su miedo a la muerte y con tal de no renunciar a la idea de permanecer, comienza a tener la necesidad de un lugar donde pueda continuar presente hasta después de la muerte, como también lo ha hecho en el trancurso del tiempo la Cañada de la Ciudad de Córdoba. El cementerio El Salvador,  clasificaba a los muertos según la clase social. La clase baja, obreros e inmigrantes, no contaban con los mismos privilegios de descansar en paz como los grupos de élite.

Imágenes interiores y exteriores de la arquitectura sepulcral del cementerio / © Guillermina Bascoy

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